sábado, 28 de diciembre de 2013
miércoles, 20 de noviembre de 2013
NACIMIENTO DEL RÍO PITARQUE
Chimenea
Pitarque es una pequeña y pintoresca localidad de la provincia de Teruel. Su nombre procede del
árabe derivado de “Abu-Tariq o Tareq”. Su
traducción aproximada puede ser: “Padre de la acequia”, y dado que la acequia
principal fue realizada por los árabes, cabe pensar que se le diera ese nombre
debido a la importancia de dicha acequia. Pitarque está situado en la comarca
del Maestrazgo,
al pie de la montaña de Peñarrubia y junto al pueblo nace el río Pitarque.
Cuenta con 104 habitantes (INE 2008) y es de una gran
riqueza faunística (buitres, águilas, cabras) y botánica (bosque mediterráneo).Dentro de su
término municipal se encuentra el Monumento
natural del Nacimiento del río Pitarque. Gracias a esta belleza
natural, este pueblecito recibe a muchísimos turistas amantes del senderismo y
de la naturaleza. No tengo la menor duda de que este nacimiento del río, que
convierte al paisaje en un entorno de admirable belleza, es la razón de que este pueblo haya
conseguido atajar una disminución demográfica más sangrante. A Pitarque se accede a través de
la carretera TE-V-8042 (hacia Villarluengo y Ejulve). Tambien a través de una
carretera que lleva a Aliaga.
Nacimiento del río Pitarque: Desde hace años acostumbro a recorrer
el trayecto de ida y vuelta entre Pitarque y el nacimiento del río con el mismo
nombre.
Dentro del casco urbano se encuentran diversos paneles interpretativos y
señales que indican el rumbo a seguir, además, hasta más o menos la mitad, se
siguen las marcas del GR 8.
Saliendo del pueblo, llama la atención la línea de campos y huertas,
muchas de ellas abandonadas. Así, en las partes bajas se encuentra un bosque
propio de ribera, pero conforme se va subiendo se cambia a quejigos, avellanos,
encinas y boj. Ya en la parte más alta, en la plataforma, crecen pinos,
espliego y salvia.
Durante buena parte del sendero se puede ver uno de los colosos calizos
que rompen el horizonte del Maestrazgo que es Peñarrubia.
El punto de referencia que indica la mitad del camino es la ermita de la
Virgen de la Peña, pequeño templete de una nave levantado con mampuesto y
tejado a dos aguas. Al llegar a un cruce que está a pocos metros de la ermita,
el GR 8 se desvía a la derecha, pero lo correcto es continuar por el PR-TE 67
que pronto pasará por una antigua central hidroeléctrica. Seguidamente,
continuar el cauce del Pitarque situado a la izquierda a medida que la senda se
va estrechando y adentrándose en el cañón.
El paisaje es cada vez más abrupto, más rugoso. Las enormes paredes de
roca se presentan con curiosas formas al igual que la toba calcárea. La
vegetación en este tramo es muy densa, predominando tilos, olmos de montaña,
arces, avellanos, serbales...
El estrecho cañón ha estrangulado el cauce del Pitarque y para continuar
es necesario cruzar una pequeña pasarela para llegar directamente a una enorme
chimenea. La contemplación de este enclave acostumbra a ser muy gratificante,
sobre todo tras los días posteriores a fuertes lluvias cuando el caudal del
agua es más generoso y baja formando un enorme chorro de agua por el caño (chimenea) que
vemos a la entrada...
Un poco más arriba, se llega a un azud justo al lado del nacimiento del
Pitarque. Punto de retorno de la ruta hasta llegar nuevamente al pueblo por el
mismo itinerario.
A los amantes del senderismo y de la naturaleza les aconsejo
encarecidamente la visión de estos vídeos.
(Fuente: Turismo Aragón. Senderos de Aragón)
sábado, 19 de octubre de 2013
60 años de la inauguración del tren minero ANDORRA - ESCATRÓN
Una de las locomotoras más emblemáticas de vía ancha que ha circulado por España es , sin duda alguna, la 130-Baldwin del extinto ferrocarril industrial de Andorra a Escatrón.
Se acaban de cumplir 60 años de la puesta en marcha del ferrocarril minero Andorra - Escatrón, una línea que fue inaugurada en 1953 y cesaría su actividad en 1984 por el cierre de la central térmica zaragozana. Para celebrar la efeméride, la Asociación Cultural Pozo de San Juan inauguró el sábado una exposición que repasa la historia de la vía e invitó a conferenciantes.
Uno de ellos, el especialista en ferrocarriles europeos Carles Salmerón y Bosch reivindicó el patrimonio ferroviario, e instó a recuperar un tramo de vía junto al Museo Minero para dinamizar económicamente la zona a través del turismo.
Esta celebración, no he podido evitarlo, me ha traído recuerdos de mi infancia en mi pueblo natal, Andorra. La nostalgia, emoción que trato de evitar, me ha invadido por momentos...
jueves, 26 de septiembre de 2013
ANTÓN CASTRO, PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO CULTURAL 2013
Recibo con alborozo la noticia de la concesión de este premio a Antón Castro. Justo y merecido. Tengo el gusto de conocerlo personalmente, de haber leído algunos de sus libros, su blog y siempre acudo a la presentación de sus libros cuando viene a Barcelona.
El periodista aragonés de origen gallego Antón Castro (A Coruña, 1959) ha sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Cultural, dotado con 20.000 euros, por su "destacada" labor en los medios, tanto de prensa escrita como en el programa televisivo "Borradores", de Aragón Televisión. Castro dirige en la actualidad los "Encuentros" literarios que se celebran anualmente en Albarracín. Además, parte de su obra literaria se ha inspirado en temas y personajes relacionados con la provincia de Teruel, a la que está muy vinculado tanto él como su familia. El jurado del premio ha reseñado también la actividad llevada a cabo por Castro en los últimos años, "tanto en su blog como en su perfil de redes sociales, medios empleados por el galardonado al servicio de la difusión de la cultura".
Además de diversas obras como poeta y narrador, tiene en su haber libros de periodismo cultural, como "Veneno en la boca", formado por un conjunto de entrevistas con grandes representantes de la literatura y la cultura aragonesa.
Reproduzco parte de su última entrada en su blog que recomiendo encarecidamente
AUTOBIOGRAFÍA SOBRE DOS RUEDA
Antón CASTRO
Mis dos primeros recuerdos están vinculados a la bicicleta. Mi padre, que iba en bicicleta al trabajo a las canteras de A Grela, A Coruña, me sentó en el transportín y me llevó a la casa en A Maceira donde había servido desde los ocho años hasta su servicio militar en Melilla. Fue un viaje increíble: de vez en cuando giraba la cabeza y me preguntaba si todo iba bien, si me gustaba que me diese el viento en la cara y si no tenía miedo. Claro que lo tenía pero creo que no se lo dije. Cuando llegamos todo me pareció extraordinario: me presentó a aquella gente, que eran sus segundos padres, y entramos en una especie de cobertizo donde había una mujer loca que se alegró mucho de verlo. Mi padre, que era más bien lacónico, me dijo: “Esta es la hermana enferma que me dio la vida en una casa ajena”. No sé si la frase es un recuerdo inventado, pero sí percibí cómo mi padre la trataba con inmensa dulzura, cómo se dejaba arrullar por una voz que parecía un llanto sordo o una acumulación caótica de sonidos intraducibles como ayes de cristal. Aquella joven, nunca supe su nombre, vivía recluida en una suerte de establo que tenía un camastro. Después, mi padre me enseñó la huerta, los campos de siembra y algo que siempre me ha gustado mucho: el hogar, con sus cadieras y una chimenea inmensa, donde se colgaban los jamones.
Pocos días después volvió a subirme a su bicicleta y me llevó a casa de mis abuelos maternos. Conservo recuerdos borrosos, vi el precioso hórreo con vistas sobre el valle de Larín. Se torció todo muy pronto: mi padre y mi abuelo se pusieron a discutir. Y yo me eché a llorar, agarrado a la falda de mi abuela Pilar. En un determinado momento, cuando las voces se habían vuelto airadas, como si fueran a pegarse, creo que dije: “Papá, vamos a casa”. Me sentó de nuevo en el transportín y se puso a pedalear. El trayecto de vuelta era más difícil, con cuestas, y empezaba a caer la noche. A lo lejos, cuando salíamos a un claro del bosque, se veía el mar. El mar de Barrañán, desdibujado en la lejanía bajo las últimas luces del crepúsculo. Con el miedo en el cuerpo, me agarraba a mi padre. Ninguno de los dos decía nada. Jamás me volvió a llevar en su bicicleta. Si le pedía que lo hiciera, su respuesta siempre era la misma: “La bicicleta no es para jugar. Es como la pota de la comida: un instrumento de trabajo. Recuérdalo bien”.
Desde luego. Pronto, un domingo por la tarde, tuve una visión que entonces, y aún hoy, me parece insólita. El C. F. Peñarol, de Lañas, que así se llamaba mi pueblo que contaba con una pequeña estación de autobuses y varios molinos de agua, recibía al Penouqueira, de Arteixo, la localidad de Arsenio Iglesias y de Inditex. Y de repente, media hora de antes se iniciase el choque, empezaron a llegar ciclistas y ciclistas, chicos jóvenes un poco mayores que yo del pueblo vecino: todos venían envueltos en impermeables de colores, verdes y amarillos, sobre todo; no tardaría en saber que se los habían hecho ellos mismos o sus madres. Tuve la sensación de que eran extraterrestres o astronautas o aparecidos de una tarde de llovizna. Esa imagen no se me ha borrado de la cabeza. Me di cuenta de que para ellos la bicicleta no era exactamente un instrumento de trabajo. O quizá sí: era una máquina para pasear, para llegar a los sitios, para divertirse, y podía disfrutarse así, con un protector contra la tormenta o el orballo.
No tuve bicicleta en la adolescencia. Mi padre, que era temeroso, siempre tenía la misma respuesta: “¿Para qué la quieres? ¿Para matarte?”. Sin embargo, aprendí a montar pronto y los gemelos Dubra, que tenía una roja y una azul, me dejaban una de las suyas. Era extraordinariamente feliz. Por entonces ya amaba el ciclismo e iba siempre, a través de la radio y la televisión, con Eddy Merckx, pero también con algunos ciclistas más modestos: José Luis Abilleira, en la montaña, o José Pesarrodona, buen contrarrelojista. Lo que hacía, montado en la bici, era radiar etapas del Tour o de la Vuelta. Pedaleaba, por el llano o por la montaña, y hablaba y hablaba sin parar: Merckx corona en Mont Ventoux, Ocaña lo pierde todo en una caída, Joop Zoetemelk y Raymond Poulidor rivalizan en la subida a Val Louron. Aquellas carreras en solitario se parecían mucho a la alegría. Luego, apostado en un rincón del campo de fútbol, Barral, el sabio de ciclismo, explicaba el secreto de las escapadas, de la contrarreloj por equipos o la importancia de puntuar en las metas volantes. Era su modo elíptico de realizar un análisis de la clasificación general del Tour.
He vivido en distintos pueblos de Teruel: Cantavieja, “la bienamada de Cabrera”, Urrea de Gaén, el pueblo natal de Pedro Laín Entralgo, o La Iglesuela del Cid, donde Manuel Vicent pasó temporadas en su adolescencia. Ahí empecé a tener mi primera bicicleta. Rozaba ya los cuarenta años. Al trasladarme a Garrapinillos, un barrio de Zaragoza que está situado cerca del Canal Imperial y del aeropuerto, me reencontré con la bicicleta de otro modo. Un verano hice casi mil kilómetros. Y al siguiente, cerca de dos mil, siempre por mi entorno: Pinseque, Utebo, el Canal Imperial o Casetas, el barrio donde nació el escritor y periodista Antonio G. Iturbe.
A lomos de la bicicleta el motor eres tú mismo, la fuerza son tus piernas, la lucidez y la tranquilidad son tu estado de ánimo: el deseo de disfrutar sin aspavientos. Cuando inicié esta segunda salida, por decirlo así, al modo cervantino, me di cuenta de que quería escribir un libro sobre el paseo en bicicleta. Quería contar las sensaciones, hablar de ese dominio de los espacios y del paisaje, de los olores que te invaden, de lo que ves (las piscinas, los jardines, las fincas de maíz, los senderos que van y vienen, las higueras del camino que te ofrecen sus frutos y una promesa de sombra), quería hablar de esa impresión de esa sensación de gozo absoluto, de dominio. Con o sin cansancio, se agudizan la sensibilidad y el instinto de observación. Sobre el sillín el mundo uno se ve de otro modo: el paseo es la metáfora del movimiento, de la vida. Tiene algo de conquista del aire y de uno mismo. El esfuerzo es gozoso y estimulante: te llevas a ti mismo. Y todos tus sentidos se abren y se disparan en mil direcciones: te conviertes, de entrada, en un coleccionista de paisajes, en un fotógrafo que compone un sinfín de instantáneas imaginarias, experimentas un sentido de la libertad casi inefable. La libertad, pura y primitiva, también es eso: pedalear, recorrer kilómetros, adueñarte de los relieves de la calzada, pugnar contra uno mismo, querer ir más allá casi siempre. Querer ir. En la bicicleta se ensancha la imaginación y se piensa, se redactan aforismos mentalmente, se escriben los primeros poemas.
Como tenía en la cabeza la idea de escribir un poemario, en verso y prosa, surgió casi con espontaneidad. Un día, a orillas del Canal Imperial, pescaban un padre, escritor y pedagogo, Víctor Juan Borroy, y su hijo Guillermo. Me paré a saludarlos, sin saber que de ese encuentro iba a nacer el primer poema, el arranque de todo. Víctor me habló de Ramón Acín, el pintor y escultor anarquista que expuso en Barcelona en los años 30, y conté su historia: la relación con sus hijas, con su mujer Conchita, pianista y tenista en Huesca, y con el perro Toby.
Todos los días, como si estuviera iluminado por dentro, regresaba a casa con un poema en potencia: con un poema en verso o prosa, con una historia (que a veces nacía de la contemplación de una casa abandonada o de una amazona que intentar dominar una hermosa yegua en un picadero), con una intuición, con una inquietud. Así, a medida que redondeaba la autobiografía del ciclista de verano, también descubría vínculos de otras criaturas con la bicicleta: la cantante Nico, que murió a consecuencia de una caída; Pierre y Marie Curie, que hicieron su luna de miel en bicicleta por los caminos y las carreteras secundarias de Francia; el escritor Horacio Quiroga; el ciclista rebelde Laurent Fignon, el realizador Jacques Tati, que hizo una película inolvidable como Día de fiesta, protagonizada por un cartero en bicicleta. Así nació uno de los libros de mi vida: El paseo en bicicleta (Olifante, 2011). Contiene, también, mi declaración de amor a Zaragoza, la ciudad que me acogió en 1978.
La bicicleta le ha dado alas a mi imaginación. Le ha dado alas a mi fantasía. Y a la vez es algo muy cotidiano: encarna el movimiento, una velocidad más o menos sensata, y la medida de mis posibilidades. Es un lapso de intimidad muy particular: vas contigo y con tus pensamientos, y estás en el mundo. Te buscas y te encuentras. Pareces decirte: “Allá voy con la certeza de que la meta / está cerca o muy lejos: / sobre mi piel o enterrada / en un misterioso cuarto de mi sangre. / Allá voy y a mí mismo me persigo”. A lo lejos, en los días de nitidez, ves la cumbre del Moncayo que inspiró a Antonio Machado y a Gustavo Adolfo Bécquer. Piensas y recuerdas. Escarbas en tu propia memoria. Sueñas con los ojos muy abiertos. Me gustan más las pequeñas subidas que los descensos. Ahí, con sacrificio y dolor, el ritmo depende de tus fuerzas. Te mides. En los descensos, todo es más ingobernable y a la vez ese descontrol resulta fascinante: se saborea más cuando no tienes miedo y te dejas ir, a tumba abierta, seguro, confiado, con una peligrosa y temeraria felicidad dibujada en el rostro. Descender bien es un arte.
domingo, 15 de septiembre de 2013
I ENCUENTRO DE EXALUMNOS Y PROFESORES DEL COLEGIO SANTO TOMÅS DE AQUINO DE ANDORRA
Con apenas 20 años de efímera andadura educativa, el Colegio Santo Tomás de Aquino cerró sus puertas definitivamente al finalizar el curso 75/76. Ubicado en cinco sedes diferentes, como si pretendiera hacer gala de nomadismo itinerante, este centro dejó una huella indeleble en la memoria, en el proceso formativo y en los afectos de toda esa suerte de alumnos y profesores que tuvimos el privilegio de pasar por sus aulas. Prueba de ello es que los 37 años transcurridos desde que dejó de existir no han impedido que casi una cincuentena de personas, que en su día formaron parte de esta comunidad educativa, nos hayamos reunido por primera vez en Andorra el pasado 27 de julio.
El objetivo de dicho primer encuentro, que tanto se ha hecho esperar, era provocar y generar un contacto que sirviese de base y punto de partida para sucesivas celebraciones. Los patrocinadores de esta idea, Rafael Ginés Alquézar y Pedro Pastor Montañés, merecen la más calurosa de las ovaciones porque su iniciativa y la gestión de la misma han sido justamente premiadas con la mejor de las gratificaciones: el éxito del encuentro y las ganas de repetirlo.
Tal y como estaba previsto, la jornada comenzó en San Macario. El grupo de personas más madrugadoras se iba incrementando paulatinamente. Saludos, abrazos, sorpresas, exclamaciones de regocijo se iban sucediendo como era de esperar... Me llamó muchísimo la atención verificar que el tiempo transcurrido desde la última vez que había visto a algunos profesores y compañeros - más de medio siglo - había dejado muchas más secuelas de su devenir en los segundos que en los primeros. Me encantó encontrar a los profesores con tan buen aspecto y donaire...
La Martingala, ubicada junto a la ermita del santo patrón de Andorra, desgranaba sus notas musicales con moderación para no restar protagonismo sonoro a los asistentes...
Tras la visita al interior de la ermita y la fotografía colectiva que procede en estos casos se inicia el recorrido por los distintos lugares en que estuvo ubicado este centro y que ya nos detalló con loable precisión Don Manuel Franco en El Cierzo del pasado mes de julio. Que en apenas dos décadas de vida, el Colegio Santo Tomás tuviese hasta cinco sedes diferentes, casi todas en edificios que tenían sus días contados, pone de manifiesto la escasez de recursos y las dificultades materiales de la época. Cuando al inicio de esta breve crónica escribía lo de "hacer gala de nomadismo itinerante" solo pretendía suavizar con esta nota de humor lo que en realidad era simple y llanamente precariedad de medios. Afortunadamente, la calidad de los recursos humanos tanto de los docentes como de los discentes suplieron con creces las limitaciones a las que hacía referencia...
Tras visitar el Museo Minero, bajo un sol de justicia, junto al Pozo de San Juan que proyectaba menos sombra de la deseada sobre los ya acalorados y sedientos visitantes, nos dirigimos un tanto impacientes hacia el restaurante El Fogón.
Como era previsible, la comida transcurrió dentro de un clima festivo, fraternal y muy dicharachero. Ya en la sobremesa, que se alargó hasta pasadas las seis de la tarde, tuvieron lugar los parlamentos de los gestores del evento y de dos exalumnas que hicieron gala de su agradecimiento y sentido del humor contando anécdotas y rememorando episodios escolares que hicieron las delicias de los asistentes. Por parte de los profesores que presidiron la mesa, hablaron Don Ignacio Caballero y Don Manuel Franco. Ambos aportaron datos de la vida del Colegio Santo Tomás, inéditos para muchos de los asistentes, y los aplausos se repitieron generosos una y otra vez. Especialmente emotiva fue la remembranza del que fue director de este centro, Don Manuel Aguado, muerto en acto de servicio hace ya cincuenta años. Los que tuvimos el privilegio de conocerlo y de beneficiarnos de sus enseñanzas experimentamos una profunda conmoción interna cuando se glosó su calidad humana y su competencia docente...
Todas las despedidas conllevan un cierto deje de pesadumbre... Me atrevería a decir que en esta ocasión no fue así porque el grato sabor de este primer encuentro y la certeza de que no será el último superó con creces la incertidumbre que caracteriza a las despedidas. Así lo sentí yo y así lo pongo de manifiesto...
Un abrazo entrañable para todos los asistentes y para los que no pudieron hacer acto de presencia en esta ocasión. Habrá otras oportunidades. Fijo...
sábado, 14 de septiembre de 2013
HUESCA, CAPITAL MUNDIAL...
Un rap que elogia las virtudes de Huesca
arrasa en internet
Hace algún tiempo, se hizo muy
conocido el lema 'Teruel también existe'. Fue un movimiento vecinal que surgió
para reclamar más inversiones para esta provincia. Desde entonces, otras
ciudades también se han lanzado a reivindicar su orgullo local. Huesca es la
última en sumarse a este fenómeno. Un rap que elogia las virtudes de esta
población y está arrasando en internet.
lunes, 12 de agosto de 2013
Teruel, a la conquista del espacio. La plataforma industrial aeronaútica PLATA es única en Europa
Ya escribí brevemente sobre el aeródromo de Teruel aquí, pero esta noticia que expongo a continuación viene a incrementar aquella información y a corroborar que dicha infraestructura aérea tiene futuro... ¡ Ojalá sea así !
(Fuente: EL PAÍS)
(Fuente: EL PAÍS)
Teruel tiene, desde enero de este año, puerto hacia el cielo. En medio de una extensa llanura dorada por los cultivos y punteada por pequeños municipios se levanta, discreto, el aeropuerto PLATA. La ciudad que no hace mucho reivindicaba su existencia alberga ahora una plataforma industrial aeronáutica única en Europa que forma parte de un reducido y exclusivo grupo de lugares en el mundo capaces de reciclar aviones, mantenerlos y estacionarlos a largo plazo.
Se erige, además, como competencia directa de Estados Unidos. Hasta ahora, cualquier avión europeo tenía que cruzar los más de 4.000 kilómetros de océano atlántico hasta los desiertos norteamericanos, donde se asientan las empresas que pueden ofrecer los mismos servicios. Las dimensiones del proyecto han hecho que tenga las características necesarias para que, desde su pista de 2.825 metros, puedan despegar vuelos suborbitales, a más de 90 kilómetros de altura desde la Tierra. El director del aeropuerto, Alejandro Ibrahim, confiesa que han mantenido conversaciones con Virgin Galactic. “Ya tienen una sede en Nuevo México y su idea es montar otra en Europa. Nosotros queremos ser el sitio”.
La idea original surgió de la mente de un empresario aragonés hace más de diez años, López Soriano, que trasladó su iniciativa al Gobierno de Aragón. Su intención era construir una instalación de reciclado en Zaragoza. Los años y las circunstancias fueron mudando la piel de la iniciativa y el empresario quedó fuera del proyecto. En marzo de 2009, cuando comenzaron las obras, nació PLATA: instalaciones del aeropuerto, pista de vuelo, zona para estacionar 250 aviones, plataforma de mantenimiento y área industrial.
El total es un tercio del espacio que ocupa el aeropuerto de Madrid-Barajas, 340 hectáreas convertidas en una sobria infraestructura con un edificio de dos plantas donde nunca existirán arcos de seguridad, azafatas o locales comerciales donde sentarse hasta el embarque. Eso lo salvó del desastre nacional de aeropuertos y lo aleja de ser un fantasma como Ciudad Real o Castellón. Y también de su presupuesto. “Ha sobrepasado ligeramente los 40 millones de euros de inversión pública de manos del consorcio entre el Ayuntamiento de Teruel (40%) y el Gobierno de Aragón (60%)”, explica Rafael Fernández de Alarcón, consejero de Obras Públicas. La inversión ha permitido que esta semana aterrizaran dos Boeing 747 en la meseta turolense.
El pasado jueves, vecinos de Teruel y de los municipios de alrededor llegaban a los alrededores del aeropuerto. Escudriñaban el cielo con los ojos guiñados por el viento del norte que soplaba intenso y constante. Esperaban la aeronave para cerciorarse de que, por fin, algo había empezado a funcionar. “Nos hemos llevado muchos palos con proyectos que luego no han salido. Esperamos que esto de trabajo en la zona como prometieron. Antes había desconfianza, ahora hay esperanza”, comenta una vecina de Cella, a pocos kilómetros de Teruel. A las 12.25 una diminuta mancha blanca apareció entre las nubes. Era el segundo Jumbo que iba a tomar tierra en PLATA. Menos ruidoso que una moto, pero con casi doscientas toneladas de peso, se deslizó hasta el hangar, cedido hasta 2038 a la única empresa que se presentó a la licitación mediante concurso público en abril de 2011, Tarmac Aerosave, participada por Airbus. La empresa francesa pagará un canon anual durante 25 años de 1,25 millones con un 3% de interés que la convierte en concesionaria del hangar y del 70% de la campa, que ha empezado a pavimentarse por petición de Tarmac y cuyos gastos, 4,2 millones, pagará en diez años también al 3% de interés.
José Moliner, su director comercial, cuenta que se creó una filial (Tarmac Aragón) para instalarse en España una vez que el presidente de la compañía, Philippe Fournadet, consideró las posibilidades que se le presentaban. “Cuando el jefe vio esto por primera vez no se lo podía creer. Dudaba que, a cinco horas en coche de Tarbes, en Francia, que es donde está nuestra matriz, fuera posible la existencia de un lugar tan idóneo. Preguntaba: ‘¿esto es real?'”.
Fue real poco después. “La despoblación, el clima seco para que los aviones no se corroan, el poco tráfico aéreo, y los miles de metros disponibles han sido las claves para que Tarmac se instalara aquí”, explica el director de la filial aragonesa, Claude Zambano. Las desventajas turolenses se han convertido en ventajas para un proyecto que planea dar 100 trabajos en seis años, además de los indirectos que pueden crearse y que, con el canon, cubrirá los gastos de mantenimiento anual del aeropuerto, 600.000 euros. Aunque Tarmac no es la única fuente de ingresos: tasas por aterrizaje (más de 90 operaciones aéreas desde enero), convenios con el servicio forestal y el helicóptero medicalizado y el alquiler de espacios para proyectos publicitarios y cinematográficos.
Simón Casas, director general de transportes de Aragón cuando comenzó todo, recuerda cuando la gente creía que se habían vuelto locos: “Decían que Teruel no existía... No solo existe, sino que ya está construyendo un laboratorio astrofísico para ver si hay algo más”.
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