lunes, 15 de abril de 2013

LA PLAZA DEL TORICO (TERUEL): Historia y leyenda







El torico.- Sobre un alto pedestal columnario de piedra labrada, un torico preside (algunos forasteros lo tachan de minúsculo con cierta sorna) como si de un tótem hierático se tratase, la vida de la ciudad de Teruel desde el corazón de la misma, la Plaza del Torico, y nos recuerda las raíces de esta pequeña capital según una antigua leyenda. Los turolenses sabemos muy bien que la palabra “torico” es la más apropiada porque lo define con precisión tanto en la faceta dimensional como en la afectiva. La obra actual, una fuente con cuatro caños con forma de toro, data de 1858 y vino a sustituir a otra más bella realizada en el siglo XVI por Pierres Vedel, el artífice de la canalización de agua de la ciudad.


Fiesta de la Vaquilla 

La leyenda.- La tradición cuenta que en el siglo XII, durante la Reconquista, el rey Alfonso II, tras tomar varias plazas importantes, siguió por la ribera del Martín y al llegar a lo que ahora es Teruel dividió a su ejército para enfrentarse a rebeldes en las montañas de Prades, quedando el resto de sus guerreros en las llanuras de Cella con órdenes de permanecer a la defensiva. En este punto es donde se confunden historia y leyenda, pues los guerreros desobedecieron las órdenes del rey y siguieron a un toro bravo al que le acompañaba una estrella desde el firmamento, pues lo habían visto en sueños premonitorios. Señal que, según ellos, marcaba el sitio donde establecer una nueva población. Así tomaron la fortaleza de Teruel plantando su estandarte en la plaza conquistada.

Este hecho se encuentra representado en uno de los cuatro cuarteles del escudo de Teruel, con un toro que lleva encima una estrella.

Por otra parte, según la etimología de Teruel, el antiguo Turba o Turbana, proviene de dos palabras hebreas, "thor" y "bat", que significan "lugar del toro".

Según otros autores, la fundación de la ciudad de Teruel se atribuye a los fenicios, que remontando el cauce del río Turia en busca de un lugar para establecerse, encontraron al fin una buena tierra con mucho ganado, levantando allí un pueblo y dando el nombre a dicho río de Turriar o Turia, debido a la abundancia de toros que había, y aplicando el nombre también a la población

4 comentarios:

  1. Interesante leyenda, además sea como sea, seguro que ese toro también representa la bravura aragonesa.
    Besos

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  2. Veo que eres taurina...La bravura, según el destino de la misma, puede ser una virtud o la mayor de las torpezas... En principio, me quedo con la dimensión positiva.

    Gracias por perderte por estos solitarios ámbitos. Teruel existe. No lo dudes...

    Besos, Narci

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    Respuestas
    1. Taurina sí, taurómaca no.
      Me admira la estampa de un toro bravo pastando bajo las encinas, o bebiendo en el río al atardecer, pero no soporto las corridas de toros. Sin embargo, me consta que nadie criaría toros bravos si no fuera por la "fiesta nacional", y posiblemente la raza acabaría por estinguirse, así que..., tampoco soy de las que se manifiestan en contra, al menos mientras haya cosas mucho más importante contra las que manifestarse.

      En la dimensión positiva os llamé bravos, por supuesto.

      No dudo de la existencia de Teruel y tengo absoluta certeza sobre la existencia de Extremadura.

      Besos

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  3. Menundo platazo de jamoncico serrano me tampé por ahí cerca regado con un buen rioja. Hace muchos años, ¡pero el paladar se quedó adherido a la memoria!

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