lunes, 13 de marzo de 2017

ARAGÓN, ARAGÓN!: Los inventos nacionalistas


Pese a quien le pese, Cataluña no tuvo más entidad política durante la Edad Media que el ser una casa condal unida matrimonialmente a la Corona de Aragón. Bien es cierto que hubo reyes catalanes (nacidos en Cataluña) de la Corona de Aragón, pero nunca existieron «reyes de Cataluña». La unión de la casa condal con la Corona, se produjo cuando el 13 de noviembre de 1137, Ramiro II, el Monje, rey de Aragón, depositó en su yerno, Ramón Berenguer IV, el reino en cuanto que regente, pero no el título de rey, que se reservó para él mismo. Ramiro había casado a Berenguer con Petronila (que aún era una niña de 15 años), quien heredó la corona, tomando el título de Reina de Aragón (que posteriormente pasó al hijo de ambos: Alfonso II). Berenguer se tituló siempre Conde de Barcelona, Príncipe de Aragón, Marqués de Tortosa y Duque de Lérida. Nunca osó tomar el título de Rey de Aragón, y mucho menos un inexistente título de «Rey de Cataluña». Por el contrario, Alfonso II recibió de su madre el título de Rey de Aragón (hecho que coincide cuando aparece por primera vez el gentilicio de «catalán»). Y hasta finales del siglo XII no aparece la palabra «catalanesch», en referencia a la lengua que se hablaba por aquí. Por tanto, cuando aparecen las primeras referencias a Cataluña, ésta ya está totalmente integrada en la Corona de Aragón.

Los historiadores nacionalistas se inventaron, sin ningún rubor profesional, términos como «Reino de Cataluña y Aragón», «Corona catalanaaragonesa»; o a los reyes, desde Alfonso II, los denominaban «reyes catalanes». Entre las vergüenzas catalanistas está la tergiversación de textos, como una frase atribuida al capitoste almogávar Roger de Lauria. La frase que realmente pronunció fue: «en el Mediterráneo hasta los peces llevan la insignia de Aragón». Víctor Balaguer se sacó de la manga una frase en boca de Lauria, parecida pero falsa: «hasta los peces llevaban las cuatro barras catalanas». Esta frase fue posteriormente repetida hasta la saciedad por historiadores nacionalistas, para dar la sensación de que el Mediterráneo estuvo en manos catalanas, y no de la Corona de Aragón.


Martín el Humano fue el último rey de la Corona de Aragón (cuya muerte y falta de descendencia provocó el compromiso de Caspe), aunque aquí insistan en llamarle el «último rey de Cataluña». Cuentan las crónicas que, cuando llegaron sus tropas de derrotar al Vizconde de Narbona, el Rey les esperaba en su palacio de Bellesguard (en las faldas del Tibidabo). El anciano monarca vio acercarse a los emisarios que anunciaban la victoria y, según cuenta Soldevila, sus gritos de guerra fueron ¡Victoria, Victoria, Aragón y sant Jordi! Este grito de ¡Aragón! coincide con el de los almogávares, de los que trataremos enseguida. Estos mitificados guerreros «catalanes» nunca gritaron ¡Cataluña! en sus embates guerreros.
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