martes, 18 de octubre de 2016

José Luis Melero presenta El tenedor de libros en el Centro Aragonés de Barcelona




El pasado 20 de mayo tuvo lugar en la Sala Costa de este Centro Aragonés de Barcelona la presentación de la obra de José Luis Melero titulada El tenedor de libros. Acompañaron al autor: el editor, Chusé Raúl Usón, e Ignacio Martínez de Pisón, que rememoró en tono muy cordial complicidades y vivencias compartidas con José Luis Melero, al que considera líder espiritual y cultural de los amigos.

José Luis Melero es bibliófilo consumado y  escritor. Posee una de las mejores bibliotecas privadas de España y es uno de los principales estudiosos y divulgadores de la literatura aragonesa. Esta puede ser la razón de que los libros de Melero estén llenos de otros libros y por tanto repletos de historias diversas.

En  El tenedor de libros  se recopilan 123 artículos que ya fueron publicados en el suplemento "Artes y Letras" del Heraldo de Aragón entre 2012 y 2015. La gran aportación cultural de este autor es que posee  y comparte un conocimiento de numerosos libros de carácter singular y que desconocemos la inmensa mayoría, aunque la lectura forme parte de nuestros quehaceres.

El tenedor de libros  es una obra cuyo título hace alusión a quienes manejan los viejos libros de contabilidad, pero con objetivos más singulares, edificantes y divertidos. La lectura del prólogo o Liminar, que escribe él mismo, seduce y fomenta curiosidades:

"Podría decirse que no he hecho otra cosa en esta vida que llevar los libros. Como un tenedor de libros lleva los libros de contabilidad. Los he leído, fichado y ordenado con precisión, los he acarreado de un lado para otro en mudanzas interminables (...) y los he vigilado en silencio (...) para tratar de salvaguardar los secretos que esconden"   

Si algo caracteriza a este autor es la coherencia: escribe de lo que ha leído. Por eso, su vida de lector se erige en el auténtico protagonista de sus libros:

"Aquí están recogidas muchas de mis pasiones y algo de lo que he ido aprendiendo en mis lecturas de no pocos años. Todo de verdad y sin imposturas. Para no demasiados lectores, pero sin duda para los mejores".

Gracias a El tenedor de libros conocemos curiosidades como los intentos en la posguerra por dotar a Aragón de una salida al mar en compensación por su participación en la Cruzada Nacional; episodios horribles como el de albergar durante el día en el viejo campo de Torrero a prostitutas musulmanas que acompañaban a los Regulares desplazados desde África; singularidades pintorescas como la del supuesto cuento baturro "A Zaragoza... o al charco", pero que tiene sus raíces en la tradición de la ciudad italiana de Biella, en el Piamonte; revelaciones tan  paradójicas como la de que en la biblioteca de Hitler figuraba un ejemplar del Oráculo Manual y Arte de la Prudencia de Baltasar Gracián.  José Luis Melero, haciendo gala de su sentido del humor, un tanto socarrón, añade que "si lo leyó, lo hizo sin ningún aprovechamiento"...

También ocupan un lugar preferente las historias de libreros, de bibliófilos y de escritores. Sobre estos últimos, el autor prefiere recrearse en los menos conocidos, en los que quedaron fuera de los manuales de historia literaria, a los que rescata a veces con una mezcla de cariño y  nostalgia porque la vida de muchos de ellos no fue nada fácil: Julio Cejador y Frauca, Miguel de Suelves, José Cabrero, Teodoro Bardají, Eduardo Marquina, Ivan Nogales... Resultaría exhaustivo citarlos a todos. Libreros, filólogos, escritores, dibujantes, oftalmólogos, sastres, vecinos de todo tipo y condición. Todos estos personajes llenos de vida y ricos en anécdotas transmiten a los lectores las esencias de una época pasada, pero sin dejar de lado al presente.

De otros escritores más prestigiosos aborda asuntos singulares y novedosos. Conoceremos cómo era el dormitorio de Pérez Galdós, el rencor de algún personaje contra Baroja, la venta de la biblioteca de Cánovas del Castillo, los cotilleos de Alfredo Marqueríe sobre Antonio Machado, la decepción de André Gide por no haber sabido valorar el original de M. Proust, En busca del tiempo perdido, la historia de paraguas de Azorín, los pocos ejemplares que vendía Ramón Gómez de la Serna...

Con estos comparten páginas escritores consagrados, triunfadores y que son del gusto del autor como Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, García Márquez, Vargas Llosa, James Joyce, César Vallejos... Hace gracia la anécdota que narra de su encuentro con el Nobel Mario Vargas Llosa: "Le llevé la primera edición de su primer libro: Los Jefes, que firmó como Mario Vargas y que le publicó Editorial Rocas en 1959. Vargas Llosa se emocionó al verlo y me confesó que no había visto ningún ejemplar del libro desde que salió de Arequipa. Me lo pidió abiertamente y yo le respondí con franqueza aragonesa, que es como aquí llamamos a la descortesía: Ni hablar. No me conoce usted. Yo no me desprendo de este libro por nada del mundo".

Algo que también hay que destacar y que honra al autor es el tributo que rinde a los amigos. El tenedor de libros está lleno de referencias y guiños a manera de homenaje a Javier Tomeo, J. A. Labordeta, Chesus Bernal, Javier Cercás, Martínez de Pisón, José Iranzo... Para Melero, los amigos son la familia que uno elige y hay que  ser leal y honesto con ella.

Es notable y manifiesta su confesa devoción por el Real Zaragoza, el séptimo equipo español más laureado... En su artículo "Cuando fuimos los mejores" rinde tributo al equipo capitaneado por el gran Enrique Yarza, con José Luis Violeta, el "León de Torrero", como sagrado icono zaragocista, y con la delantera más famosa de la historia del club (Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra)...

José Luis Melero aborda temas de actualidad - monarquía o república, independentismo catalán, etc. - en un tono que denota una preocupación que poco o nada tienen que ver con la complacencia y el divertimento que pone de manifiesto en otros. No es para menos..

La gran lección que quiero destacar de este autor, y no es tarea fácil porque abundan, es que la erudición, la reflexión profunda  y el divertimento se pueden dar conjuntamente. Otra cuestión que quiero subrayar, y termino, es la gran capacidad de síntesis que tiene: en una simple página condensa amplios conocimientos, con sencillez y en un tono cordial y simpático. Como si se hablara en la barra del bar con los amigos...


Luis Antonio Pérez Cerra


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