domingo, 3 de marzo de 2019

Entre el cielo y el suelo hay algo: un futuro para Aliaga


El Parque Geológico, la antigua Térmica que quiere ser museo, la observación astronómica, el antiguo barrio minero... el municipio trabaja en presente por afianzar su porvenir turístico.

La antigua térmica de Aliaga busca nuevos usos en la actualidad. Laura Uranga

Arriba, las estrellas; abajo, formaciones geológicas sin igual en todo el planeta. Como oferta turística no está nada mal; en Aliaga lo tienen claro, porque ya han convertido el pasado minero en referente turístico y están a punto de hacer lo propio con el industrial, cuando pueda darse forma al proyecto de reconversión conceptual del espacio que ocupó hasta 1982 la Térmica de Aliaga. En este municipio están acostumbrados a abrir sendero en muchas cosas, y a pesar de la escasa vegetación no se cortan con el machete si, metafóricamente hablando, hay que dar un par de mandobles al follaje de las dificultades sobrevenidas.
Aliaga está involucrada en la Red Ibérica de Espacios Geológicos y Mineros, y recorre ferias con la marca Aliaga Turístico, que engloba todos sus poderes.

El alcalde, Sergio Uche, enumera ese bagaje. "El año pasado celebramos el 25 aniversario del Parque Geológico, pionero en España. No en vano tenemos formaciones únicas en el planeta; una de ellas, de menor tamaño, también se ha identificado en Marte. El Parque alberga viajes formativos de entre 15 y 18 universidades extranjeras cada año, con mención especial para la de Utrecht en Holanda, que manda a medio centenar de personas cada año durante un mes completo; un profesor de allá dijo en una ocasión que en el mundo siempre se hablaba de Madrid o Barcelona como referencias españolas, excepto en el ámbito geológico, donde la primera referencia era Aliaga. También nos llegan de Canadá, Australia… hemos tenido incluso gente de Harvard. Ahora, además, combinamos ese imán de atención con el astroturismo, la observación estelar, gracias al aval de Starlight".
Este terreno es toda una constelación de posibilidades. "Vienen las parejas, las familias y los grupos de amigos a ver las estrellas con otros ojos. Además, se hacen actividades muy curiosas, como oler los aromas de Marte; dado que se conoce la composición del suelo marciano, se reproduce y envasa. También se hacen comidas temáticas; puedes comerte un planeta de postre. No faltan los experimentos para distraer a los niños".
Julia Escorihuela es la gerente de Parque y su guía. Natural de Aliaga, lleva un cuarto de siglo en formación continua y 17 años en la tarea descrita. Se afana en diversificar su discurso; más técnico para entendidos, divulgativo y divertido para turistas interesados en el tema y no especializados. Con los niños de 5 a 10 años tiene seminarios especiales en julio y agosto, y se trabaja en visitas de institutos apoyadas por la DGA. "Hago hincapié en la geoética -explica- y en cómo debemos comportarnos con la tierra, para disfrutarla al máximo y cuidarla. La gente se va con la conciencia renovada, nuevos conocimientos y ganas de volver, de explorar".

Baches en el camino

Para preservar esos tesoros, el municipio ha librado varias batallas. La última mina, Hoya Marina, cerró en 1964 en el barrio de Santa Bárbara. En los últimos años ha habido multitud de proyectos que comprometían al parque, especialmente de minería de arcilla a cielo abierto. Sergio lo detalla. "Se hubieran cargado el anticlinal de la Hoya, el acuífero del Guadalope... en su día había voces discordantes porque éste era un pueblo minero, pero la gente acabo entendiendo la importancia de esta pelea cuando llegaron las consecuencias de pasadas experiencias; en el barrio de Campos, una mina a cielo abierto contaminó el agua con exceso de hierro en 1984, y hasta hace dos años no hubo fondos para hacer la elevación de aguas necesaria y conseguir allá agua potable; tenían un Land Rover comunal y bajaban con bidones a Aliaga, a coger la fuente. Hubo amenazas de empresarios mineros, pero ya le dije a uno que si quería ver a un alcalde encadenado a uno de sus camiones, lo iba a ver. El damnificado por las pifias es el que vive aquí, y hemos aprendido a defenderlo. Ahora el ámbito del Parque abarca todo el término municipal; está protegido administrativamente. No podemos machacar nuestra tierra y dejar un desastre a las siguientes generaciones; hay 20 niños en el colegio, son el futuro y ojalá algunos puedan quedarse trabajando en temas turísticos, donde estamos yendo a más".

En Aliaga hay una filial de la planta cogeneradora Neoelectra, con 15 trabajadores. El alcalde sale al paso de la posible pregunta sobre incongruencias. "Están respetando el medio ambiente: tienen el sello verde y aunque queman gas para hacer energía, no expulsan el CO2, que se vierte a una planta anexa donde se saca carbónico de uso alimentario". Aquí se fabrica para España la burbuja del refresco de cola más famoso, el de la chispa de la vida.

Lo alucinante del Parque es que se pueden ver en un solo corte todos los estratos imaginables de cada era prehistórica desde el Triásico. Una de las cuatro líneas KT o ‘flysch’ (límite Cretácico/Paleógeno) que hay en España está en Aliaga; también pueden verse en Zumaia (Guipúzcoa), Caravaca de la Cruz (Murcia) y Agost (Alicante).
La Térmica es una muestra de arqueología industrial muy interesante, ejemplo de arquitectura costumbrista de los 50. El Ayuntamiento la compró con sus 65.000 metros cuadrados de terreno, incluyendo el embalse, con la ilusión de emplearlo en fines museísticos; la idea es acondicionar la zona y que el espacio se dedique a la geología. "En 1982 se nos cerró el mundo al vaciarse la Térmica; trabajaban ahí 186 personas, y por entonces no había planeas de reconversión, el pueblo estaba vacío de repente; fue una depresión colectiva, pero nos levantamos. Aquí nos movemos mucho, hemos sufrido y siempre salimos adelante. Dice un amigo mío que sacamos dinero de las piedras y el aire, porque también tenemos parques eólicos, pero ahora también nos vamos a la estrellas". El cielo ya no es el límite.

Texto: Heraldo de Aragón


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